La iluminación del cuarto de baño o del salón es mucho más que una necesidad práctica para no quedarse a oscuras. Es una herramienta estratégica con la que se puede controlar el ambiente y que permite, por ejemplo, transformar la ducha diaria en una experiencia emocional. La luz puede animar, relajar o inspirar y, de este modo, actúa como un regulador de nuestro reloj interno y sus procesos biológicos.
Sin embargo, el concepto de iluminación de cualquier habitación debe cumplir todos los requisitos, desde la orientación y la iluminación segura, hasta la creación de un ambiente relajante. Por eso, una iluminación armoniosa y, al mismo tiempo, funcional siempre es el resultado de la combinación de tres tipos de iluminación fundamentales: la iluminación general, la iluminación por zonas y la iluminación de detalle.