En la construcción del edificio se ha apostado por el uso de materiales sencillos, locales y sostenibles como, por ejemplo, la madera, que fue el material elegido para construir la peculiar cubierta ondulada revestida de baldosas cerámicas. En este caso, la impermeabilización de un soporte tan inestable como la madera era un reto para garantizar la durabilidad, seguridad y el correcto funcionamiento del edificio. La madera por su naturaleza higroscópica es un material especialmente sensible a la humedad ya que absorbe y libera agua provocando dilataciones, contracciones y deformaciones que pueden comprometer la estanqueidad del sistema constructivo. En este tipo de soportes una impermeabilización adecuada no solo debe impedir la entrada de agua sino también adaptarse a los movimientos del soporte sin fisurarse y perder adherencia. La ausencia o mala ejecución de la impermeabilización puede dar lugar a filtraciones, pudrición de la madera, proliferación de hongos, perdida de capacidad estructural y patologías graves en los elementos inferiores del edificio. Además, en cubiertas y terrazas expuestas a la intemperie, la combinación de lluvia, radiación solar y cambios térmicos intensifica el riesgo de deterioros si no se emplean sistemas adecuados y compatibles con el soporte.