En total, este extraordinario proyecto de reforma necesitaba una organización perfecta para respetar unos plazos muy ajustados. Diez empleados trabajaron en la colocación, que duró cerca de tres meses; la preparación de la obra requirió medio año de trabajo previo. Las condiciones de trabajo no eran las habituales. Así lo afirma Sollier: «No teníamos espacio de almacenamiento local y todos los materiales estaban almacenados a las afueras de París. Las entregas solo podían hacerse entre las 7 y las 9 de la mañana, cuando la torre aún estaba cerrada. El material se almacenaba en una zona de tránsito a los pies de la torre y, tras pesarse, se transportaba hasta arriba en una plataforma elevadora. Esta plataforma solo subía una vez al día, antes de que llegaran los turistas. Por tanto, el suministro de material tenía que estar perfectamente programado, no se podía olvidar nada».
En cuanto la plataforma elevadora, con una capacidad de carga de 9 toneladas, alcanzaba la primera planta a 57 m de altura, se colocaba entre dos balcones para formar parte de la obra y servir de superficie de almacenamiento temporal. Por la noche, los escombros se bajaban y también se pesaban para respetar el equilibrio de la carga de peso mencionado. La costosa renovación de la primera planta duró casi dos años en total. Ahora, gracias a la contrastada lámina de desolidarización, la ausencia permanente de daños en el atractivo recubrimiento del suelo también está garantizada con estas condiciones especiales.